Dentro de diez años

Una pieza audiovisual sobre el futuro, la tecnología y aquello que quizá no queramos perder por el camino

Cuando pensamos en el futuro de la tecnología es fácil imaginar máquinas más inteligentes, interfaces cada vez más invisibles, ciudades automatizadas o herramientas capaces de hacer cosas que hoy todavía nos sorprenden. Es una imagen que hemos visto tantas veces que casi parece inevitable pensar el futuro desde ahí.

Pero mientras trabajaba en Dentro de diez años me interesaba otra pregunta.

¿Qué parte de nosotros querremos conservar?

Esa fue la idea de partida de una pieza audiovisual creada para JageCreative alrededor de una reflexión bastante sencilla: la tecnología seguirá evolucionando, pero eso no significa que todo lo importante tenga que cambiar con ella.

Imaginar un futuro cercano

Desde el principio tenía claro que no quería llevar el vídeo hacia ninguna de las dos imágenes del futuro que el cine ha repetido tantas veces: ni la visión espectacular, colorista y casi fantástica de películas como Regreso al futuro, ni la más oscura y distópica de títulos como Blade Runner o Yo, robot.

Ambas han construido imaginarios muy potentes, pero ninguna encajaba con lo que quería contar.

Después de todo, diez años tampoco es tanto tiempo.

Por eso preferí imaginar un futuro mucho más próximo, formado por espacios reconocibles y situaciones cotidianas. La tecnología podía estar presente, porque inevitablemente formará parte de ese futuro, pero no debía dominar cada plano ni convertirse en la razón principal para mirar la pantalla.

Me interesaban más los pequeños gestos: una persona observando, una conversación, un espacio tranquilo, una mirada. Momentos que podrían pertenecer al presente, al pasado o quizá también a dentro de una década.

Si el mensaje hablaba de conservar algo humano, las imágenes también tenían que sentirse humanas.

Ese planteamiento fue marcando muchas de las decisiones posteriores. Algunos planos funcionaban perfectamente por separado, pero no aportaban nada al conjunto. Otros necesitaban durar un poco más para dejar espacio a una mirada o a un gesto. Hubo que cambiar el orden de algunas escenas y encontrar una música capaz de acompañar sin indicarnos constantemente qué debíamos sentir.

Poco a poco, el vídeo fue encontrando su propio ritmo.

No quería construir una historia cerrada ni ofrecer una respuesta concreta. Prefería dejar pequeñas situaciones abiertas y confiar en que quien las observara pudiera completar parte del significado desde su propia experiencia.

Aquí puede verse el resultado final:

Una herramienta dentro del proceso

Hay una pequeña paradoja detrás de esta pieza. Está realizada utilizando herramientas actuales de creación digital e inteligencia artificial y, al mismo tiempo, habla de la importancia de no perder determinadas cosas mientras esas tecnologías avanzan.

Para mí nunca hubo una contradicción ahí.

Una herramienta puede ampliar nuestras posibilidades, acelerar determinadas partes de un proceso o permitirnos experimentar de formas que hace poco eran difíciles de imaginar. Pero disponer de más posibilidades no elimina la necesidad de elegir.

Durante la creación del vídeo hubo que decidir qué imágenes encajaban y cuáles no, cuándo una escena sobraba, dónde era mejor mantener una pausa o por qué un resultado visualmente atractivo desviaba la atención de lo que realmente quería contar.

La tecnología podía generar opciones, pero seguía siendo necesario decidir hacia dónde debía ir la historia.

Por eso tampoco quería que la inteligencia artificial se convirtiera en el argumento de la pieza. Formaba parte del proceso, igual que otras herramientas, pero el centro estaba en otro lugar.

Dentro de diez años

No sé cómo utilizaremos la tecnología dentro de una década. Probablemente muchas de las herramientas que hoy parecen nuevas se habrán convertido en algo cotidiano. Algunas desaparecerán y otras que todavía no conocemos acabarán formando parte de nuestra vida sin que apenas pensemos en ellas.

Lo que me resulta más difícil imaginar es si cambiarán tanto algunas de las cosas que hoy consideramos importantes.

Qué merece nuestra atención. Qué queremos conservar. Qué lugar dejamos para las personas cuando las herramientas son capaces de hacer cada vez más cosas por nosotros.

Dentro de diez años no pretende responder a esas preguntas. Solo detenerse durante unos segundos y dejarlas ahí.

Porque la tecnología seguirá evolucionando.

La cuestión es qué parte de nuestra humanidad decidiremos conservar.

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