Una historia en tres momentos

Una idea inicial para presentar JageCreative en redes sociales evolucionó hasta convertirse en tres piezas conectadas.

El proceso utilizó herramientas digitales e inteligencia artificial, pero priorizó la naturalidad y la coherencia narrativa frente a los efectos espectaculares. El proyecto reflexiona sobre cómo emplear la tecnología sin permitir que determine nuestras decisiones.

Todo surgió con la idea de realizar un único vídeo breve para presentar JageCreative en redes sociales. Quería que compartiera la esencia del spot principal, pero sin repetir su historia y, sobre todo, que estuviera pensado desde el principio para un entorno diferente.

Las redes parecen empujarnos constantemente hacia lo inmediato: imágenes que llaman la atención en pocos segundos, movimientos rápidos, estímulos continuos. Precisamente por eso no quería caer en la tentación de hacer algo llamativo o espectacular simplemente para conseguir que alguien se detuviera.

Prefería contar una historia.

La primera idea era bastante sencilla. Una persona absorta en el teléfono deja por un momento de mirar la pantalla y vuelve a prestar atención a lo que sucede a su alrededor. No pretendía convertir el móvil en el enemigo ni plantear una crítica directa a la tecnología. Me interesaba más algo que probablemente todos hemos experimentado alguna vez: estar tan pendientes de lo que ocurre en una pantalla que dejamos de ver pequeñas cosas que están sucediendo delante de nosotros.

Antes de comenzar a producir el vídeo trabajé esa idea mediante un storyboard para comprobar cómo podía desarrollarse. En aquella primera versión la escena transcurría de noche, en un ambiente oscuro donde la luz del teléfono iluminaba a la protagonista. Sobre el papel funcionaba, pero al verlo planteado de esa forma comprendí que estaba llevando la historia hacia un lugar demasiado lúgubre. Parecía hablar más de aislamiento o dependencia que de aquello que realmente quería contar.

Así que cambié el enfoque.

La noche desapareció y la escena pasó a desarrollarse durante el día, con luz natural. El teléfono seguía presente, pero ya no dominaba visualmente la situación. El ambiente era más cotidiano, más próximo y, sobre todo, permitía que el gesto de levantar la mirada tuviera otro significado.

De ahí nació la primera pieza.

Entre tanto ruido… ¿qué estás dejando de sentir?

Pero mientras trabajaba en ella apareció una pregunta que terminó cambiando el proyecto.

La protagonista había dejado el teléfono, había levantado la mirada y parecía haberse dado cuenta de que algunas cosas estaban pasando a su alrededor sin que les prestara atención. La historia podía terminar ahí, pero me parecía que faltaba algo.

¿Y ahora qué?

¿Qué ocurre después de darse cuenta?

Esa pregunta abrió la posibilidad de continuar la historia.

En lugar de abandonar la tecnología, la segunda pieza cambiaba nuestra relación con ella. La protagonista volvía a una pantalla, pero esta vez no como una distracción sino como una herramienta para buscar, explorar y encontrar algo diferente. La tecnología dejaba de ocupar el centro para convertirse en un medio que permitía descubrir.

Era también una forma de introducir otra idea importante para JageCreative: utilizar las herramientas sin dejar que sean ellas las que decidan hacia dónde vamos.

Descubre. Todavía existen lugares así.

A esas alturas ya no estaba trabajando en piezas independientes. Había empezado a aparecer una pequeña continuidad y tenía sentido llevarla hasta el final.

La tercera parte debía cerrar el recorrido.

Después del ruido inicial y del descubrimiento llegaba un espacio mucho más tranquilo. La protagonista volvía a sí misma, a un entorno sencillo, con pocos elementos y sin necesidad de que ocurriera nada extraordinario. Era probablemente la pieza más contenida de las tres y, mientras la desarrollaba, me di cuenta de que esa búsqueda de simplicidad tenía bastante que ver con la propia esencia de JageCreative.

No se trataba de eliminar por eliminar ni de convertir lo sencillo en una estética. Se trataba de apartar aquello que no aportaba para dejar sitio a lo que sí importaba.

Lo que quedó por el camino

Las tres piezas fueron creadas utilizando herramientas actuales de creación digital e inteligencia artificial, pero durante el proceso hubo muchas ocasiones en las que esas herramientas ofrecían algo más espectacular de lo que la historia necesitaba.

Algunos resultados eran visualmente atractivos, pero no encajaban. En otros aparecían movimientos demasiado evidentes, expresiones poco naturales o detalles que desviaban la atención. Hubo que repetir, modificar y descartar bastante más de lo que finalmente se ve.

Y quizá ahí estuvo una de las partes más interesantes del proceso.

Cuando la posibilidad no es suficiente

Después de publicar el trabajo recibí, entre otros comentarios, una reflexión sobre cómo la democratización de estas herramientas podía conducir a una pérdida de espectacularidad. Me hizo pensar porque, en cierto modo, estas piezas habían buscado precisamente alejarse de ella.

No creo que permitir que más personas accedan a nuevas tecnologías sea algo negativo. Al contrario. Poder experimentar, aprender o crear con medios que antes estaban fuera del alcance de mucha gente abre posibilidades muy interesantes.

La cuestión para mí está en otro lugar: disponer de una herramienta capaz de hacer algo espectacular no significa que esa tenga que ser siempre la elección.

En este proyecto las posibilidades técnicas estuvieron presentes desde el principio, pero la historia terminó imponiendo sus propias reglas. Si algo llamaba demasiado la atención, probablemente sobraba. Si un efecto modificaba el tono, había que cambiarlo. Y si una escena podía contar lo mismo de una manera más natural, esa solía ser la mejor opción.

Lo que comenzó como un único vídeo terminó así convertido en tres pequeños momentos de una misma historia.

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